El valor del fotoperiodismo

A veces a los fotoperiodistas se les ha criticado que utilizan el dolor y el drama para su trabajo. Que fotografían a la víctima antes que ayudarla. Que están en los lugares donde la realidad adquiere su cara más cruda y que apenas tienen que oprimir un botón.

Todo esto tiene su parte de verdad, pero es inevitable como la realidad misma. Esa realidad que se mantiene en nuestra retina el tiempo suficiente como para desencadenar ira, ternura, angustia, llanto, indignación, asombro o cualquier otro sentimiento que nos conmueva. Llegado a ese momento, el trabajo del fotógrafo está completo.

Desahucios. Miles al año, docenas a diario. Detrás de ellos, personas. En el caso de Carmen Martínez Ayuso (85 años), vecina de Vallecas, se aglutinan varias condiciones que multiplican el espanto ante esta sangría social. Anciana, sola, humilde, estafada, abandonada a su suerte.

Allí estaba Andrés Kudacki, periodista, con su cámara para levantar acta notarial en forma de luces y formas. Su trabajo, imprescindible y cada vez más necesario, nos puede conmover o irritar, pero difícilmente nos dejará impasibles (así se hizo, publicado en El País).

El periodismo es aquello que muestra la realidad y, cuando es sincero, anima a mover conciencias. Poco tengo que añadir, salvo que esta es otra de las formas de hacerlo, directa, bella y valiente.