Diáspora de talentos

No solo se ven obligados a emigrar los jóvenes, también otros profesionales menos conocidos en este país, como los infografistas.

He leído con detenimiento el artículo de Borja Ventura en Yorokobu. Está muy bien escrito y refleja la situación de los infografistas emigrantes, por llamarlos de alguna forma. Cuánto talento se ha ido de España, aunque sigamos disfrutando y aprendiendo de él en la distancia.

A mi modo de ver, este artículo tiene dos lecturas al menos: la exterior, con los profesionales en el extranjero y que se han hecho un hueco relevante y, por otro lado, la interior, con la desidia de los editores y el creciente desinterés por la infografía.

Esta entrada de Ventura debería ser de obligada lectura para aquellos editores que, teniendo profesionales excepcionales, los han dejado escapar por falta de interés, escasa visión editorial o espurios intereses económicos. Por supuesto, no se han quedado aquí. Su valor y experiencia alimenta nuevas generaciones de periodistas visuales que, como muy bien dice Chiqui Esteban en el artículo reseñado, “si te gusta el periodismo, nada como los gráficos para estar en todos los tinglados”.

Sin embargo, en la nada desdeñable nómina de infografistas relevantes que cita Ventura, no están todos los que son, ni son todos los que están. No somos tantos los que pertenecemos a este mundo de la infografía y más o menos nos conocemos todos. Es un círculo bastante reducido y endogámico, en el que el corporativismo se solapa muchas veces con el rigor, ese que aplicamos a nuestro trabajo. La historia de la infografía, incluso en España, no empieza con los Macintosh II y el Illustrator 88, es anterior. La mayoría de los escritos que se publican y pretenden hacer una relación de los acontecimientos y personajes de esta especialidad, es más una intrahistoria que otra cosa, a pesar de la buena voluntad puesta en ello, que no pongo en duda en ningún momento. Pero, ¿cómo escribir una historia sin entrevistar a los protagonistas y quién decide que son esos y no otros? Difícil. Quizá a través de las hemerotecas, que podrían ser muy reveladoras.

Mucho hay que aprender, yo el primero, sobre la capacidad de crítica que existe entre este reducido número profesionales que nos dedicamos a las rayas y los colorines. Quizá sea este el aspecto más oscuro del devenir de la infografía en España, sobre todo si lo enlazamos con las posibilidades que propició el ordenador y a las que muchos se sumaron como meros gestores de recursos.

Es verdad, fue una época deslumbrante esos años de los primeros Macintosh con unos recursos limitadísimos. Todo el mundo se quedaba boquiabierto con los dibujines en la pantalla y muchos sucumbieron más a ese espectáculo novedoso que a la enjundia de su contenido.

El tiempo nos ha ido colocando a cada uno en su lugar, pero no solo ha sido el paso inexorable del segundero, también la influencia de algunos que, apoyados en el corporativismo, enmascararon sus propias deficiencias y se atrincheraron en su hermetismo profesional y en la ignorancia ajena. Es decir, se dedicaron más a trabajar en los pasillos y menos con el lápiz.

El desencuentro estaba firmado y la decadencia empezó al no amoldarse a nuevas fórmulas o soportes y no evolucionar. La oferta no se adaptó a la demanda o quizá no se generó esta demanda con propuestas nuevas, arriesgadas o atractivas. A todo esto hay que sumarle la crisis, que llegó a los medios como un camión sin frenos.

Afortunadamente algunos tuvieron la visión y las agallas de irse y, como no podía ser de otra forma, trabajar en lo que saben hacer como los ángeles. Son, al menos para mí, un ejemplo. Pero me preocupa lo que queda aquí.

El panorama de la infografía en medios, la infografía periodística, es desolador. En los  periódicos tienen una presencia limitada, a veces testimonial. En televisión, es confusa, poco adaptada y minusvalorada, como en la mayoría de los sitios. En otros campos, casi raya en lo amateur. Hay excepciones, enormes, en prensa, agencias y freelance, pero evidentemente no es lo que era por la frecuencia, más que por la calidad, sobresaliente casi siempre.

Los infografistas malviven en España y el futuro no pinta mejor a medio plazo. Es paradójico este escenario teniendo en cuenta el enorme valor de la comunicación visual. Quizá una nueva generación de profesionales, bien formados, con propuestas e imaginación, remuevan el mercado, pero me temo que les faltará un eslabón clave en su éxito: la experiencia heredada.

Quien puede traspasársela, está en el exilio de la supervivencia profesional o personal en otros países, como los citados en el artículo de Ventura, o aquí, en otro tipo de supervivencia más prosaica, aferrados a un trabajo cada vez más amenazado o en el mismísimo paro.

Este es, en mi opinión, el panorama en un país que fue muy importante en la infografía, pero que ahora no lo es. Podría recuperarse y aprovechar las muchas sinergias existentes. El saber y el conocimiento siguen ahí, fuera y dentro de nuestras fronteras.

 

One Comment

  1. Carmen

    Estoy de acuerdo contigo en parte. En este país se ha mirado más la pela que otra cosa y asi nos ha ido. La gente ha tenido que irse y los valoran más que aquí. No seremos tan malos cuando nos valoran y nos contratan como médicos, arquitectos o infografistas y además, de mucho nivel. Ahora, no estoy de acuerdo con que el panorama sea desolador como tu dices. Yo sigo las infogarfías y hay cosas buenísimas y es verdad, hay otras que dan pena.