¿Cómo salgo yo de aquí?

No hay nada como pasarse un buen rato por los pasillos de un hospital, para comprobar lo mal señalizados que están. ¿Te has parado alguna vez frente a un plano de evacuación y te has preguntado: si pasa algo, cómo salgo yo de aquí?

Ir a un hospital o aun centro de salud no suele ser síntoma de algo bueno. Por lo general, uno acude allí porque algo va mal. A uno mismo, a un familiar o a alguien que nos interesa, lo que genera de por sí cierto estrés.

La señalización en estos centros, como en muchos otros, no es que sea ineficaz, sino que genera más ansiedad todavía. Pero en un hospital la buena señalización adquiere más relevancia, porque aporta algo que el paciente o acompañante necesitan: tranquilidad.

El detonante de esta entrada ha sido un cartel de evacuación de un hospital madrileño (no es el que encabeza esta entrada y utilizado como ejemplo). Me paré frente a él, lo estudié y me puse en el supuesto de que tuviera que sacar información de él. Fue un ejercicio totalmente inútil, ya que hasta había habido modificaciones en los pasillos y salas que no estaban recogidos en el plano, anterior a estas.

Podría exponer mi análisis de las deficiencias del cartel, pero se explicarían en solo una: no lo ha hecho un profesional de la comunicación visual.

Por lo general, estos planos de evacuación son una reutilización de los planos técnicos de planta del edificio, con escasas o nulas modificaciones. Seguramente cumplen con la normativa vigente, pero delatan una absoluta falta de sensibilidad de la Administración que los regula y del responsable de seguridad del centro. Parece que el objetivo no es informar, sino cumplir la norma.

Pero no son solo los carteles de evacuación, son en la práctica todos los elementos que intentan ayudar, informar y guiar a las personas que hacen uso del edificio.

Un hospital debe comunicar seguridad desde incluso antes de llegar a él. La señalización exterior, los accesos, la recepción, la codificación de los servicios, todo debe transmitir tranquilidad, seguridad, acogimiento. El edificio debe acompañar y no ser hostil. Guiar y no confundir.

Un hospital bien señalizado es aquel en el que, además de no perderte, puedes ser autónomo, tomar decisiones y sentirte seguro. Sin embargo, la mayoría de ellos tratan la señalética como algo más próximo a la estética que a la funcionalidad, cuando no solo a cumplir con la norma. Es común diseñarla, cuando se hace, pensando en un usuarios totalmente válidos y con un nivel de estrés cercano a cero. Pero a un hospital no se va de picnic.

La realidad es otra muy distinta. Desde gente mayor —todos lo seremos— con deficiencias visuales, hasta pacientes que llegan tarde a una consulta, por no hablar de las urgencias.

Las recientes campañas de publicidad de las corporaciones médicas, orientadas a transmitir un trato humano y profesional, suspenden cuando el usuario llega a uno de sus centros, dejándole a los pies de complejos laberínticos y mal señalizados. La respuesta con la que se encuentra quien entra a un centro y se pierde, es la figura de los chaquetillas; personal que intenta suplir de otra forma la información no encontrada, pero que, una vez que desaparecen, vuelven a dejar al usuario desamparado y muchas veces, perdido.

La señalización es útil, necesaria y aporta un valor añadido: la sensación de que han pensado en el usuario. La sanidad no solo es la consulta o el quirófano, es el acompañamiento, el acogimiento y la tranquilidad.

No es tarea fácil, pero para eso están los profesionales, para estudiar las necesidades y aportar soluciones. No basta con cumplir la norma, hay que ir más allá. Así como nos abandonamos en manos de un cirujano y sus conocimientos, los responsables de los grandes centros por los que pasa mucha gente, deberían delegar en profesionales de la comunicación la labor de mostrar, guiar y acompañar a los usuarios a través de soluciones gráficas o multimedia. Los usuarios lo agradecerían y se sentirían respetados y tenidos en cuenta.