Lo bien hecho, bien parece

Infografía: Fernando G. Baptista.

Son malos tiempos para la infografía tradicional —ya he escrito antes sobre esto—, en los que el espectáculo, las prisas y el low cost prima sobre el rigor y el contenido. Sin embargo, al reposar sobre trabajos clásicos, por llamarlos de alguna forma, como el de Fernando Baptista, el lector se encuentra con un espacio en el que la información y la documentación son las bases de la infografía. Luego está la maestría de encajarlos con imágenes y dibujos primorosos y con paletas de colores muy bien elegidas. La tipografía se adapta perfectamente a las formas y el conjunto general es impecable.

Baptista asegura en una entrevista que “la infografía tradicional no va a dejar de existir”. Es un alivio en lo personal oír estas palabras a uno de los infografistas más prestigiosos y por el que tengo un gran respeto.

Sigo su trayectoria desde el principio, cuando en El País sus trabajos eran referencia y provocaban cierta envidia. Siempre me han parecido ejemplares en la ejecución, claros y un verdadero regalo para los ojos. Atrapan la atención del lector por su belleza, por su armonía, llevándole al nivel de lectura deseado, donde encuentra información y conocimiento.

La infografía tradicional tiene una ventaja clara sobre el resto y es que su visualización es completa. Es decir, de un solo vistazo se puede ver globalmente e ir descubriendo piezas más pequeñas; desde lo general hasta lo particular.

La infografía clásica trabaja como un todo en el que la jerarquía de los elementos guía la lectura e invita a la profundización en la misma de una forma natural. En cambio, en otros soportes, el lector no tiene acceso al conjunto de la misma y debe navegar viendo solo una parte, de forma que la capacidad de guiado a través de elementos gráficos o la presencia de una imagen potente que atrape la atención quedan minimizados por las limitaciones del soporte.

Además, las infografías que presentan profesionales como Baptista, requieren de un trabajo que nada tiene que ver con las prisas y el bajo coste. En general, ninguna infografía, salvo las de actualidad inmediata, deberían ser una carrera contrarreloj. Es una ecuación que tiene como resultado lo mediocre, lo inacabado, lo incompleto.

Sin duda, la situación de Baptista es privilegiada en cuanto a los medios que dispone (ejemplo). No tanto en cuanto a la presión y exigencias, pero llegar allí y a ese nivel bien compensa el resto.

En mi opinión, una de las calves del mérito de su trabajo es la libertad de ejecución. Por lo general, cuando a un buen profesional se le deja hacer, sabe qué hacer. El resultado será el producto de su profesionalidad y de la confianza que le otorgue el editor.

Muchas veces me he cruzado con editores que quieren trabajos como el de Baptista (hay toda una pléyade de infografistas asombrosos), pero en un tiempo, medios y coste lejos de facilitar un resultado similar. Y lo peor, con unas directrices de diseño predeterminadas a las que el infografista no puede ni replicar.

Malos tiempos para la infografía, no solo la tradicional, en la que el estrabismo de algunos los lleva a verla como un producto de consumo rápido y efímero, un elemento más, muchas veces descontextualizado, y no como un valor enorme en la comunicación.

Mientras tanto, seguiremos disfrutando de trabajos como los de Baptista.