¿Por qué se hacen menos infografías que cuentan historias?

En la vorágine de la visualización de datos he visto como está desapareciendo un género de gráficos: las infografías que cuentan historias.

Las nuevas herramientas (aquí un recopilatorio), la programación y la facilidad con la que casi cualquiera puede hacer un gráfico animado o interactivo, ha permitido que generar este tipo de piezas gráficas sea de lo más valorado en el mundillo de la comunicación visual.

Algunos de estos gráficos encierran enormes cantidades de información, tanta a veces, que se hacen incomprensibles. Otras veces, es la pereza la que se interpone para bajar a niveles de lectura más profundos, porque es tal la complejidad que llegan a alcanzar, que requiere un esfuerzo o un interés del que muchas veces no disponen la mayoría de los lectores.

Por el contario, algunos tienen una belleza y armonías especiales, son claros y difícilmente podrían contar mejor las cosas.

Pero yo he empezado hablando de otros gráficos, esos que describen una acción o una sucesión de hechos. Infografías puramente periodísticas en las que se lleva al lector por un hilo visual para contarle qué, quién, cómo, dónde, cuándo y, si se sabe, por qué paso algo. Relatos visuales muchas veces resueltos en una viñeta.

Son los típicos gráficos de sucesos, pero también, de procesos judiciales, investigación, históricos o, incluso, de hazañas o retos. Son, también, los típicos trabajos de breaking news, aquellos que le atropellan a uno como un mercancías sin frenos.

En mi opinión, es en este último caso donde se mide el valor de un buen profesional, aquel que es capaz de hacer la evolución del Dow Jones, un mapa o trabajar bajo una presión extrema.

La velocidad a la que se transmite la información en nuestra sociedad, es un factor que ha propiciado la decadencia de este género. La televisión, también la on line, presenta imágenes y testimonios contra los que poco puede hacer la infografía. Pero la infografía tiene armas que otros lenguajes no poseen: explicar y mostrar lo que no se ve, al menos de una forma evidente.

En una infografía, por ejemplo, se puede diseccionar un edificio, mostrar sus interioridades, mostrar recorridos sobre mapas, relacionarlos entre sí, aportar elementos y conjugarlos con el resto para que la información se enriquezca y aporte algo que el resto de técnicas no posee.

Requiere de buen hacer, de un dominio espacial nada desdeñable, de seguridad y de una capacidad de síntesis enorme.

El planteamiento debe de ser atrevido, pero con unas dosis de seguridad y veracidad que lo convertirán en una auténtica pieza periodística. La infografía no es interpretativa, así que lo que se muestra debe de ser lo que es o lo que había. Si no se tienen esos elementos, no deben emplearse y si no hay piezas suficientes para componer el puzzle, no debe armarse. La infografía de especulación, no es más que eso, especulación.

Volviendo a las nuevas herramientas, los programas de 3D permiten generar entornos y elementos que pueden girarse y moverse para encontrar el ángulo más apropiado para contar y desarrollar la acción. Cuántas veces, cuando no existían estas herramientas, se han echado en falta. Cuántos bocetos acabaron en la papelera y cuántos gráficos fueron fallidos porque a la hora de la ejecución había elementos que se solapaban o no guardaban el orden de lectura.

Pero sin embrago, creo que esa supuesta ventaja es la que está exterminando este tipo de infografías. Montar un escenario en 3D y hacer los elementos y modelarlos, no es cuestión de un rato. Luego es todo más fácil, pero luego será tarde.

En mi opinión, el excesivo apoyo en las técnicas de 3D y programación, ha dado lugar a una generación de profesionales que, siendo excelentes en estas, carecen de las habilidades para crear infografías en poco tiempo, bien planteadas, estructuradas, jerarquizadas y que lean bien.

Para confeccionar una infografía de las que estamos hablando, hace falta mano para dibujar y mucho oficio. Una cabeza clara que disponga mentalmente todos los elementos y los coloque en un escenario que, por falta de tiempo, será estático. Hace falta valor para poner todo esto en orden y apostar por una infografía que cumpla con los requisitos de una pieza informativa y, sobre todo, de cintura para reparar, enmendar o solucionar las carencias que sin duda se van a ir sucediendo.

Creo que las claves para una infografía de este tipo y de éxito son la información (si es de primera mano, excelente), una buena documentación y el trabajo en equipo (ejemplo), ya que la complementación de las distintas habilidades es fundamental.

El resultado puede competir sin rubor con otro tipo de información como los mismos vídeos, porque ofrece al lector una visión global de la que puede sacar sus propias conclusiones. Si a esto se le suma la posibilidad de relacionar elementos con enlaces externos que sumen información a través de hipervínculos, el resultado puede ser muy bueno y ofrecer un valor añadido a la pieza que sin duda el lector agradecerá.

Parece todo muy fácil, pero no lo es. A veces no es cuestión de querer, sino de poder, por eso una buena dirección de equipo y una actitud positiva de los editores, que permitan apostar por ese tipo de información, es la clave del éxito. Es una cuestión de prioridades y administración de recursos, cada vez más escasos, sobre todo en estos momentos en los que los departamentos de diseño parece que están dirigidos por hojas de Eccel, en las que solo hay un resultado: low cost.