La infografía en ‘El País’

Hace unos días, Alberto Cairo y Tomás Ondarra tuvieron un intercambio de mensajes en Twitter (el origen y la discusión), que desataron una polémica sobre los gráficos en El País.

Cairo, más tarde, publicó una entrada en thefunctionalart.com (aquí traducida) donde daba su opinión sobre la situación actual del departamento de infografía de El País, en el que trabajé durante muchos años.

En mi opinión, la mayor deficiencia de ese departamento está fuera de él, algo que a lo largo de mi vida profesional me he encontrado, no solo en El País, sino en muchos otros sitios: la ignorancia sobre las claves del lenguaje visual.

La sección de infografía de El País es una sección transversal, de servicios, sin espacio propio y que trabaja prácticamente al dictado del resto de la redacción. Por tanto, la mayoría de los gráficos son encargos, peticiones, que vienen preestablecidas, con poco margen de maniobra y con escasa colaboración por parte del cliente, es decir, la sección peticionaria.

Pocas veces hay flexibilidad a la hora de plantear un tratamiento gráfico a una noticia o a una simple gráfica de barras. Todo está muy marcado y establecido en la línea de “quiero esto y lo quiero así y en este espacio”. Las posibilidades visuales que pueden aportar los profesionales de esa sección son, la mayoría de las veces, rechazadas o ni tan si quiera contempladas, porque la mayoría piensa que también entiende de infografía y el ascendente del resto de la redacción sobre ella es muy fuerte.

Se trata de ignorancia y de falta de respeto hacia unos periodistas gráficos infravalorados, profesionales que, para quién no lo sepa, tienen una formación completísima que abarca, entre otras cosas, periodismo, diseño, técnica, tipografía, puesta en página y una cultura general que ya quisieran para sí muchos de los redactores de los medios en general.

Son habituales los comentarios sobre la pantalla de “ponlo así” o “no lo entiendo” o “cambia esto o aquello”. Comentarios hechos por periodistas que no consentirían que un infografista hiciera lo mismo con ellos; de hecho, no lo hacen. Así mismo, suelen hacer encargos con ideas muy cerradas que, algunas veces, causan pavor en quién tiene que hacer la infografía. Pero lo peor es que en caso de conflicto, las jefaturas superiores, también expertas en lenguaje visual, continúan en la misma línea. Enfrentarse a ello es una batalla estéril y la pérdida de un tiempo que a veces no hay.

No es de extrañar que la economía en el esfuerzo se haya establecido en esa sección. Sale más barato no batallar o contradecir a las jefaturas, lo que puede resultar caro de verdad, al menos en El País.

Sin embargo, cuando los infografistas tienen libertad para proponer y hacer, el resultado suele ser espléndido y aplaudido por aquellos que otrora les enmiendan la plana. Qué bien les vendría conocer cuál es el trabajo y cómo se hace antes de verter opiniones y juicios con poco fundamento. Otra vez la ignorancia.

A veces ponen de ejemplo trabajos de otros medios mirando solo el resultado y sin conocer el trabajo que hay detrás. Suponen que es fácil, pero no facilitan nada.

Tuve la experiencia de estar interinamente al frente de la sección de infografía durante casi dos años. Me propuse hacer mi trabajo que consistía en aportar la profesionalidad de la sección y ponerla en valor en el periódico. Proponía gráficos a todas las secciones sobre temas del día para tener presencia en el diario y cuando recibía un encargo, preguntaba: ¿qué quieres contar?. La respuesta era, casi siempre, una imposición: “quiero que hagas esto”. El desencuentro estaba firmado y lo pagué caro, como en la mayoría de las situaciones que se consideran disidencias en esa casa.

Asumo también mis errores, que sin duda fueron muchos, pero no me arrepiento de haberlo intentado y creo que ese es el camino para tener una oferta informativa visual; dejar hacer su trabajo a quién sabe hacerlo.

Llevo fuera de El País un año y medio, pero lo sigo a diario, como al resto de medios. Es un verdadero desperdicio de recursos y talento. Un declive lento, pero continuo, producto, en mi opinión, de la situación que he descrito antes y de la pusilanimidad de la jefatura de infografía.

No es un puesto fácil, lo sé de muy buena tinta, pero hay margen de maniobra. El redactor Jefe de Infografía, Tomás Ondarra, tiene unos galones que nadie tuvo antes que él. La dirección de El País mantuvo que “nunca habría un redactor jefe de infografía”, y eso fue así hasta su llegada. ¿Por qué no ejerce de ello?

Hay muchas cosas que han desaparecido con su gestión y que creo que son esenciales en una sección como esa: el trabajo en equipo, las discusiones sobre otros trabajos, la autocrítica, el bocetado, el trabajo de calle, la formación continua o una gestión adecuada de los talentos de cada uno de sus componentes. Por no hablar de lo que se ha establecido, como una excesiva economía de medios que reciclan una y otra vez gráficos antiquísimos y recursos con años de vida.

Esa vuelta de tuerca que todo periodista debe de dar a su pieza para que sea diferente, nueva, fresca, brillante, ha desaparecido de esa sección salvo alguna excepción. El producto es un trabajo previsible y en cierto modo acomodaticio a los vientos que soplan fuera y dentro de la sección. La resistencia a realizar gráficos interactivos es tan incomprensible como consentida, máxime cuando es una situación que se arrastra desde hace bastantes años. Sin embrago, El País sí que hace algunos, (ejemplo, otro ejemplo) muy pocos, pero no todo deben ser gráficos animados y alardes técnicos; hay en otros sitios trabajos tradicionales, por llamarles de alguna forma, extraordinarios, en los que se conjugan factores de los que carece el trabajo de la sección de El País, y el talento no es uno de ellos.

Esa sección, referencia en la infografía internacional cuando tenía unos recursos parecidos cuando no menores y una jefatura sin el poder que otorga el que tiene ahora Ondarra, se ha diluido paulatinamente convirtiéndose en una más, igual que la cabecera para la que trabaja, viviendo de un esplendor que ya no disfruta.

Corren malos tiempos y sé que ahora hay mucho trabajo, quizá demasiado, mucho de él no es si quiera conocido y no se puede llegar a donde uno quisiera, pero la deriva de la sección no es reciente. No es nostalgia, lo aseguro, pero hubo largos años donde la presión y el trabajo no eran ni mucho menos menores.

De cualquier forma, hay que lidiar en esa plaza, cosa nada fácil. El día a día de las redacciones devora muchas inquietudes y al final el trabajo se convierte en una labor de achique contínuo. Los toros se ven bien desde la barrera, pero la crítica, y sobre todo la opinión, son necesarias.

En mi opinión, si El País quiere apostar por una sección que aportaría un valor enorme al producto como lo hizo antes, no debería seguir así. Es incomprensible que en una sociedad tecnificada y visual, no lo hagan. Mucho me temo que las decisiones de cambio, si las hay, serán salomónicas y pagarán justos por pecadores. Espero y deseo que no sea así. Creo que la solución está tanto fuera como dentro del departamento de infografía, lugares, ambos, donde los egos tienen un tamaño excesivo.

3 Comments

  1. Pingback: Más detalles sobre la infografía de El País

  2. Buque

    Parece que está revuelto el patio en ese periódico, al menos hay gente crítica que habla de ello, pero todos son los de fuera. Qué pasa, que no se atreven a hablar los de dentro? Mucho miedo y así les va o es corporativismo. No hace falta nada más que ver los comentarios en twitter y darse cuenta de como se defienden con comentarios de muy mala educación y chulescos y sin aceptar las críticvas, pero la prueba está en los reultados y en lo que hacen.
    El pais ya no es lo que era y me parece una pena la cantidad de periodistas que se dejan la piel en un periodico que parece que no les merece y los jefes tienen la culpa.
    Una pena.

  3. Carmen

    Y yo me pregunto, por qué no echan a tanto jefe inepto? porque está claro que la culpa la tienen ellos si no no se defenderían así en twitter. Se retratan a si mismos.