Puesta en escena

Fíjese bien en la foto. Observe las caras de los presentes. Docenas de crímenes a sus espaldas, docenas de muertos. No son cualquier cosa, son personas que han cometido atentados y producido un dolor enorme.

Fíjese bien en sus rostros, en su expresión, en su mirada, en sus rictus. Eche una ojeada al escenario y verá sobriedad: un fondo negro, un suelo gris, un tapete rojo como improvisado a la luz de sus arrugas y su pérdida de horizontalidad.

Ni una sonrisa, ni un gesto de satisfacción, ni una pose torcida como de mueca o media risita, nada que contraste con la gravedad de quienes hablan y de lo que dicen. No es para menos. Me llama la atención esta puesta en escena y lo hace porque me parece tremendamente coherente.

Todo encaja.

No voy a hablar del trasfondo político del acto, pero sí de cómo se ha resuelto. Y la seriedad que me transmite contrasta con la aparición de más de un ministro anunciando recortes, la de algún político haciendo cabriolas lingüísticas y la de algún imputado por corrupción en la puerta de los juzgados. En muchas de ellas me parece que estén de picnic y no ante unos hechos graves que puedan provocar alguna risita.

Esas sonrisas o medio sonrisas esbozadas a veces como muecas, quedan grabadas en las retinas digitales de los periodistas gráficos. Atrapan ese instante, ese momento de traición del gesto a la palabra. También muestran la gravedad de quién quiere mostrar la seriedad ante la importancia del momento y quiénes se muestran más creíbles o no.

La comunicación es el vehículo entre quien tiene un mensaje y quien lo recibe, obvio, pero no la conexión. Ese es el éxito, el objetivo y conseguir que este llegue y sea creíble depende de muchos factores y uno de ellos es guardar la compostura, la relación entre lo que se dice y cómo se dice.

Es una profesión, una especialidad y un arte, pero la relajación en esos detalles como, por ejemplo, cómo se entra en una rueda de prensa para anunciar los mayores recortes de la historia reciente de España, marcan la diferencia entre creer o sospechar.

Los exreclusos de ETA muestran en la imagen (ver galería) ese respeto a la situación, no sé si fingido o no, pero en la foto queda. No hablo de política, hablo de cómo estar, reflejarlo, transmitirlo y aunque tengo que reconocer que me tiembla algo el pulso al escribir esto, también me tiembla cuando veo las imágenes de más de una comparecencia ministerial, que me evoca a algún anuncio de familia feliz comprando coche nuevo.

Recuerdo a Pilar Manjón cuando espetó a parte de la comisión de investigación del 11M diciendo: “¿De qué se ríen sus señorías?” También recuerdo a más de un periodista, tertuliano de relumbrón, comentar auténticas tragedias con la frivolidad propia de un vodevil.

Hay que tomar ejemplo y reflexionar y, sobre todo, mostrar respeto aunque quizá solo sea una pose. Hay que contarlo y hacerlo con honestidad para que cada uno saque sus propias conclusiones y dilucide si solo fue eso, una pose.

Fotografía: CLAUDIO ÁLVAREZ / EL PAÍS

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