¿Qué pasó con la infografía animada?

Moda, incomprensión o complejidad, el caso es que la infografía animada (hacer clic en la foto para ejemplo), sobre todo basada en Flash, casi ha desaparecido. Entró con fuerza hace unos 15 años, con tanta que parecía que todos los gráficos debían de ser así.

Si un medio publicaba una info en Flash, había que replicarle. Así proliferaron muchos gráficos que intentaban dar una vuelta a la comunicación visual aprovechando las posibilidades de los nuevos programas. En mi opinión, la mayor parte de los profesionales que hacían este tipo de trabajos tenían más de programadores que de comunicadores, no digamos ya de periodistas. No había mucho dónde elegir y se incorporaron a los departamentos de infografía una serie de estupendos técnicos que tenían, casi como único valor, el conocimiento de la herramienta.

Sin embargo, han quedado buenísimos ejemplos de lo que es un buen trabajo, una buena infografía interactiva. En El País, desde Rafa Höhr, que ya sabía de largo lo que era un gráfico y pasando por Cristian Werb, buenísimo infografista argentino, hemos llegado a un deleite de simplicidad y buen gusto que es Mariano Zafra, pero lamentablemente publica poco. En El Mundo, destacan David Alameda y Gracia Pablos que hacen un trabajo estupendo y con más presencia en el medio que su colega de El País. Y pare usted de contar, el resto es testimonial.

Y no solo en España. The New York Times, ejemplo donde los haya en estas cosas de los gráficos y sobre todo animados, ha reducido sus infografías interactivas casi exclusivamente a la visualización de datos.

Una de las mayores dificultades con que se encuentra un infografista es mostrar el movimiento en un gráfico, una acción. Cuántas veces hemos comentado lo fácil que sería animar una secuencia y así prescindir de los números, flechas y carteles explicativos. Sin embargo ese proceso es complejo, no ya tanto en el diseño, sino en la ejecución. Las infos animadas han evolucionado hacia la sencillez, porque requieren de mucho tiempo, quizá demasiado. La metodología de trabajo con los programas de animación, más cerca de la programación que de la ilustración, no ayuda en nada. A estos programas les falta desarrollar una simplicidad de manejo que aún está de lejos conseguirse.

Desde luego no son para un breaking news, porque no se publicarían a tiempo y además compiten directamente con las imágenes de televisión. Se tratan más bien de infografías de análisis, de investigación, productos refinados a los que hay que dedicar mucho tiempo. Y como el tiempo es oro y más en esta crisis, no se puede pagar ese trabajo. Así que quienes hacen infografías animadas trabajan la mayoría de las veces a mata caballo, simplificando o dedicándose a hacer otras cosas. Además, la voracidad de Internet engulle a estos productos y los relegan con rapidez al fondo de las web. Decididamente parece que no son rentables.

Puede ser la complejidad, la laboriosidad, la causa del descenso de las infografías animadas, pero creo que no es solo eso. Hace falta una vuelta de tuerca y quizá esta se encuentre en que la infografía sea un soporte en sí mismo, un andamio de donde cuelguen, debidamente estructurados y presentados los contenidos con hipervínculos y enlaces con otras aplicaciones.

De cualquier forma y dadas las circunstancias, parece que los trabajos gráficos pasan por el low cost y eso se lleva mal con la minuciosidad y con la calidad. No porque no se sepan hacer bien las cosas, sino porque para un producto tan efímero no merece la pena invertir más, ni por una parte ni por la otra.

Sin embargo, el editor avispado sabe que ahí hay un filón y que más que un gasto, es una inversión. Solo hace falta modificar algo la escala de valores, la que supone la confección de un buen gráfico y la valoración de este en el espacio digital.

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